¿Debo temerle a los frenillos?

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Los frenillos o brackets son una necesidad para aquellas personas que tengan desviaciones en la dentadura; no sólo se usan para mejorar estéticamente tus dientes, sino que también tiene un fin médico que puede prevenir mayores problemas en un futuro. Use frenillos en contra de mi voluntad cuando tenía 17 años, digo en contra de mi voluntad porque no era algo que me quitase el sueño. Tenía dientes chuecos, eso sí, más no eran tan terribles como algunos casos que he visto por ahí.

Es curioso, porque de toda la vida me he reído como asiática (es decir, tapar con tu mano la boca), de hecho todavía lo hago en un acto reflejo. Un día una amiga me pregunto que porque me reía así, y ahí fue donde caí en cuenta que lo hacía por inseguridad, me daba pena que vieran mis dientes. Fue cuando lograron convencerme de colocarme brackets, y mi indecisión quedó totalmente anulada cuando el odontólogo me dijo que mi mordida cruzada podría en un futuro desviar mi mandíbula, pero que por ser joven esto se podía solucionar con gran facilidad.

En un inicio estaba asustada. Busque y busque por Internet testimonios, y todos en resumen te decían que dolía/incomodaba y que no podrías comer bien por un rato. Si le preguntaba a conocidos, ellos me decían cosas terribles, no estoy mintiendo, hasta la madre de una chica que se los puso me contó que al siguiente día comenzó a vomitar, perdió yo no sé cuantos kilos, y que tuvieron que quitárselos por las molestias. Éste sí que era de lejos un caso extremo, y me conforme con resignarme, si iba a doler que lo hiciese ¿qué más podía hacer yo?

Luego de colocados y hoy por hoy, ya finalizado el tratamiento hace unos años, he llegado a la conclusión de que tener frenos no es tan horrible como se cree. Tener brackets fue sólo una experiencia algo incomoda el primer mes, del resto no sufrí absolutamente ningún tipo de dolor.

Quede hasta decepcionada. Puede que lo que muchos interpretaban como dolor fuese en mi caso percibido como una presión exagerada en los dientes, se sentía raro, era extraño. La primera noche no pude comer sólidos pero esto ya lo sabía, así que me preparé desayunando y almorzando pesadamente; y eso sí, la primera noche tuve un fuerte dolor de cabeza, no obstante, nunca llegue a medicarme, al siguiente día había desaparecido y lo único que había cambiado básicamente era que tenía que tener cuidado con alimentos duros, y debía cepillarme más de lo acostumbrado.

Tampoco es que haya pasado un cuento de hadas con el tratamiento, por ejemplo, luego de unos tres meses comencé a tener dificultades con la articulación de las palabras, fue algo vergonzoso y tuve que practicar, modular constantemente sola. También uno de los aspectos que me llego a preocupar fueron las pequeñas llagas que se forman en el interior de los labios, de vez en cuando las tenía, mas otra vez la solución era sencilla y no necesitaba de un escándalo; me coloqué una bolita de cera que aplastaba en cada bracket, que rozara en exceso con la piel interna de la boca, y listo, santo remedio.

En total dure un año y ocho meses con el tratamiento, a eso le sumamos los casi dos años usando los Essix o retenedores transparentes. Y he aquí el paso elemental que parecen olvidar, señores y señoras por nada del mundo ¡se olviden de los retenedores! Conozco el caso de pacientes que no los usan lo debido, y terminan perdiendo el tiempo y dinero del tratamiento. Personalmente he encontrado una grata experiencia en este tipo de retenedores, son tan cómodos, no tendrás nada en tu paladar (a diferencia de los convencionales) y estéticamente son más agradables.

Como todo en la vida tiene su lado malo, no puedes exponerlos a temperaturas elevadas porque se rompen, debes cepillarlos con la frecuencia que cepillas tus dientes por razones de higiene evidentemente, son hasta cierto punto frágiles por ello necesitan mucho cuidado, y la gran molestia es que debes retirarlos al comer. Sin embargo, lo que hacía era llevar su estuche en mi bolso, retirarme un momento al lavabo y retirarlos, no es nada del otro mundo; en definitiva vale la pena por su extrema comodidad, vuelvo a repetir.

En conclusión, usar frenillos es una experiencia diferente para cada uno de nosotros, es sólo que necesitaba desahogarme y darle apoyo a aquellos que todavía no se atreven por temor. Hace unos años nadie dignó a decirme "no duele tanto", por eso hoy digo que "no duele tanto como te hacen creer". Será incomodo, sí; producirás más saliva de lo normal, sí; hablarás gracioso, sí; no podrás masticar cosas duras como hielo, sí; puede que cuando aprieten las ligas la incomodidad vuelva por un par de horas, sí. Pero al final la cuestión es que es por tu bien, y por el de nadie más.

Creo firmemente que vale la pena la incomodidad, el posible dolor, el dinero y el tiempo invertido. Así que, ¡No teman, no es tan malo como pitan!

4 comentarios:

  1. Hola, estoy totalmente de acuerdo contigo, hace poco me saque los míos y es lo mejor que me ha pasado, porque también tenía esa inseguridad de la que hablas y aún me tapo la boca al reír y al leerlo me acabo de dar cuenta de eso jaja, pero yo también se los recomiendo a todos y que no se sufre mucho (o quizás a los que teníamos detalles solamente) pero siempre valdrá la pena porque hay que pensar que nuestra cara es una imagen de presentación :D

    Besitoooos y buena entrada :D

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    1. Se siente tan raro cuando te los sacan, yo no podía evitar pasarme la lengua por lo dientes porque se sentía irreal. No hay mal que por bien no venga.

      Gracias, y abrazos!

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  2. jaja me los acabo de poner y en ya no como una niña precisamente, ya estaba en la edad en que los findes pasan de ser ir al cine a ir de fiesta en la noche entonces estaba muy nerviosa y no sabia que hacer con los frenillos y ahora tengo la seguridad de haber hecho lo correcto pues me veo genial aunque los lleve y no los siento, lo malo es que no puedo comer apenas palomitas :/

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    1. Es un pequeño sacrificio para el futuro de tus dientes. Yo nunca sufrí eso de no comer ciertas cosas, supongo que debe ser algo difícil y molesto. Saludos!

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